Cartearte

¿Qué es Cartearte y cómo te puede ayudar? (Entrevista radial)

Recordamos la excelente entrevista que nos hizo la periodista venezolana Ana Virginia Escobar, para el programa En Buenas Manos transmitido por Kys Fm 101.5 en el mes de julio de 2016. Tuvimos la oportunidad de comentar, a través de la voz de Fernando Gallardo, responsable del proyecto Cartearte, cuál es nuestra filosofía para la elaboración de cartas y mensajes de amor por encargo, también lo que ha sido la experiencia desde que iniciamos actividades en febrero de 2015.

 

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Carta a Malena, por Alois Gutiérrez

Nos gustó tanto esta carta que nos hubiese encantado escribirla. No fue el caso, pero el gusto de leer un texto tan bien contado, tan sarcástico y gracioso,  nadie nos lo quita… Se trata de una epístola clasificada en el género “jurídico-sentimental”, tal como lo dijo Alois Gutiérrez, autor y al mismo tiempo responsable del blog Cuentos de la historia común. Los trances del divorcio, los intercambios desazonados y con abogados por delante, se ponen en manifiesto en este texto que va dirigido a Malena, fechado en julio de 2010. Confieso que nuestra separación me afectó muchísimo, la salud se me deterioró, perdí como treinta kilos en dos semanas”, sentencia el sujeto que demuestra curioso respeto por su dama ya perdida, además una férrea intención de superar ese mal momento que le ha tocado vivir. Al final de los finales hay que seguir y no más. 

A continuación la carta:

Caracas 20 de julio de 2010

Sra. María Elena González (ex de Martinez)

Estimada Malena. Por medio de la presente me dirijo a ti no sin antes desear que te encuentres bien en unión de los tuyos, y los dos nuestros, estos últimos son lo único a compartir que nos queda a ti y a mi  hasta que, literalmente, la muerte nos separe (de mi parte puedes contar desde ahora con un ramito de flores sobre tu lápida aunque sea una vez al año). Sé que ellos para ti son fuentes de alegría y felicidad, y para mí; fuentes de egresos por concepto de pensiones alimenticias, pero igual queridos como hijos míos que son, tú lo sabes.

Acuso recibo de una misiva enviada por tu abogado, el doctor… perdona que no recuerde su nombre en este momento, me acostumbré tanto a decirle “el hijo de puta” que su verdadero nombre se me borró por completo de la mente, cosas de la edad creo. En su amable carta  el doctor (voy a llamarlo así hasta que me recuerde su nombre) me notifica el ejecútese de la partición de bienes adquiridos durante nuestra inolvidable unión matrimonial. Aunque tú nunca trabajaste y solo te consagraste a la supervisión del personal de servicio de la casa, cosa que no subestimo, yo acepto la orden emitida por su señoría el juez Gabilondo con la obediencia de alguien como yo, defensor de la ley y el orden. Por cierto; supe que tu madre es madrina del hijo menor de Gabilondo, es que el mundo es un pañuelo.

Volviendo al tema que me trae, a pesar de todas las vicisitudes tu sabes que yo no tengo interés por las cosas materiales, no me gustaría enturbiar esta separación entre tú y yo que hasta ahora, gracias a Dios, se ha llevado dentro de los mejores términos, y menos por unas propiedades que están bajo medida de embargo por incumplimiento de pagos a una de nuestras empresas proveedoras, todo por culpa de la quiebra aparatosa de mi, perdón, nuestra empresa. Afortunadamente el acreedor ha sido comprensivo y paciente conmigo para no hacerme traumatizante la situación de ruina, cosa que no es de extrañar ya que el dueño es, por esas casualidades de esta vida, Carlos Godberg, mi mejor amigo, casi hermano, desde nuestros tiempos de infancia. Pero la ley es la ley, y yo no voy a abusar de los años de confianza que mutuamente nos hemos profesado él y yo.

Cuando esta carta llegue a tus manos ya el embargo habrá sido efectuado en su totalidad, no te lo dije antes para no mortificarte y amargarte la existencia. Pero no todo son malas noticias, mi amigo Godberg, en un magnánimo gesto de solidaridad humana, no embargó el Mercedes Benz deportivo que compré a tu nombre para celebrar nuestro aniversario de bodas el año pasado, te lo dejo a ti sin ningún tipo de reclamo, sé que aún faltan cinco años para terminar de pagar esas altas mensualidades, pero tú te lo mereces en pago a esa intensa relación que hemos vivido juntos, desafortunadamente no podré ayudarte en los pagos porque quedé casi en la indigencia.

Confieso que nuestra separación me afectó muchísimo, la salud se me deterioró, perdí como treinta kilos en dos semanas, mi médico me dijo –si no cambias de ambiente por otro más sano no te doy más de seis meses de vida-, por el bien de todos, y para evitarles molestias, me he ido del país, esta carta te la he enviado desde las islas Caimán, donde espero recuperarme a largo plazo del inmenso dolor que me produce tu ausencia.

Cuídate mucho, cualquier duda habla con mi abogado, él te pondrá al tanto de todo. Espero que encuentres el hombre que te mereces, no uno como yo lleno de defectos, pero… tal vez… uno como tu abogado.

Atentamente

Bradley Martínez

Editorial: Segundo aniversario de Cartearte

Guarda las cartas de amor que escribes

Creemos en la carta, ese documento que deja constancia de lo que sentimos. Somos seres en constante transformación y nuestra esencia no habla mucho en las fotos que hay en los celulares, ni en los portarretratos de nuestras casas, ni en los registros gráficos amistosos que sobreviven de encuentros casuales con amores y amigos.

Por eso existe Cartearte, que recién arribó a su segundo aniversario en el mes de febrero, para recordar a nuestros lectores que también somos eso que no se ve: una ilusión, una duda, una sonrisa y un pesar. Vamos coleccionando fichas sentimentales y particularmente a nosotros, los que hacemos posible este proyecto, nos entusiasma que quede un retrato emocional de esos andares.

Hace dos años comenzamos a escribir cartas por encargo, para ayudar a nuestros ‘carteadores’ a mostrarse a sí mismos. Muchas personas nos han confiado tan particular tarea (se agradece la confianza), así como para otros hemos sido una ventana de difusión de sus misivas.

Y es que hay algo de gusto en mostrarse, incluso por escrito, en contar lo que se siente, en apelar al monólogo literal para hablar de eso tan importante que se vive o se ha vivido. Otros también desclasifican sus cartas porque ya no hay sentimientos en juego, a veces como gesto de superación y para ayudar a otro que experimente una similar situación.

Las cartas son para nuestros destinatarios, es verdad, pero también son para nosotros mismos. No importa el móvil sentimental, creemos que nos ayudan a entendernos, a evidenciar lo efervescentes o angustiados que hemos estado, para reflexionar, reírnos y hasta para avergonzarnos: recordemos esa frase del poeta y escritor portugués Fernando Pessoa (1888-1935): “Todas las cartas de amor son ridículas”.

Partiendo de esa cita, aquí hemos sido ridículos durante dos años y lo seguiremos siendo hasta que los dedos no puedan más sobre el teclado. Todo sea en nombre del amor… esa fuerza que cambia lo que sentimos por un instante, un mes, un año o una vida. En retrospectiva casi siempre será una dicha y a través de una carta, con suerte, la más cálida de las retrospectivas.

Texto dedicado a los que escribieron y recibieron una carta de amor alguna vez.

Lecciones de vida en una carta de Hunter Thompson

De vuelta estamos en Cartearte en este 2017, retomando el noble compromiso de traer lecturas vinculadas al género epistolar. ¿El camino?, pues básicamente seguir hablando de cartas y escribiendo por voluntad propia o por la solicitud de alguno de nuestros seguidores. Nos parece propicio compartir este material que data de 1958, autoría del periodista estadounidense Hunter Thompson (1937-2005), quien recibió la carta de un amigo que le pedía consejos sobre qué hacer con su vida. Interesante exposición argumentativa desarrolla el periodista a quien se le adjudica la creación del periodismo gonzo; ya que propone que el ser humano debe fijarse un modo de vida y no una meta, para alcanzar un verdadero sentido en su andar.

A continuación la carta:

22 de abril de 1958

Calle Perry 57

Ciudad de Nueva York

Querido Hume,

Tú pides consejo, ¡ah qué cosa tan humana y tan peligrosa! Pues dar consejo a un hombre que pregunta sobre qué hacer con su vida implica algo muy cercano a la egomanía. Asumir que se puede dirigir a un hombre hacia la meta máxima y correcta, al punto de señalar con un dedo tembloroso la dirección indicada es algo que sólo cometería un tonto.

Yo no soy un tonto, pero respeto tu sinceridad al pedirme mi consejo. Sin embargo te pido que cuando escuches lo que tengo que decir, concuerdes con que todos los consejos son sólo un producto del hombre que los da. Lo que puede ser verdad para uno, puede significar un desastre para otro. No veo la vida a través de tus ojos, ni tú a través de los míos. Si fuera a intentar darte un consejo específico sería como un ciego guiando a otro ciego.

“Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma: sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades…?”

(Shakespeare)

De hecho esa es la cuestión: si flotar con la corriente o nadar hacia una meta. Es una decisión que todos debemos tomar ya sea consciente o inconscientemente en algún momento de nuestra vidas. Muy pocas personas entienden esto. Piensa en cualquier decisión que hayas hecho y que tuviera una influencia en tu futuro: puede ser equivocada, pero no veo cómo podría ser cualquier cosa excepto una decisión –aunque sea indirecta– entre las dos cosas que he mencionado: flotar o nadar.

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Pero ¿por qué no flotar si no tienes una meta? Esa es otra cuestión y es incuestionablemente mejor disfrutar la flotación que nadar en la incertidumbre. Entonces ¿cómo encuentra un hombre una meta? No un castillo en las estrellas, sino una cosa real y tangible. ¿Cómo puede un hombre estar seguro de que no va en pos de una “gran montaña de dulce”, una meta hecha de caramelo y azúcar que tiene poco sabor y nada de sustancia?

La respuesta (que es, en cierto sentido, la tragedia de la vida) es que buscamos entender la meta y no al hombre. Ponemos una meta que demanda de nosotros ciertas cosas: y hacemos estas cosas. Nos ajustamos a las demandas de un concepto que NO PUEDE ser válido. Cuando eras joven, vamos a suponer que querías ser bombero. Me siento razonablemente seguro de decir que ya no quieres ser un bombero. ¿Por qué? Porque tu perspectiva ha cambiado. No es el bombero quien ha cambiado, sino tú. Cada hombre es la suma total de sus reacciones a la experiencia. Como sus experiencias difieren y se multiplican, tú te convertirás en un hombre diferente y por lo tanto tu perspectiva cambia. Esto sigue y sigue. Cada reacción es un proceso de aprendizaje sumamente significativo, que altera tu perspectiva.

Así que parecería tonto ajustar nuestras vida a las demandas de una meta que vemos desde un ángulo diferente cada día ¿o no? ¿Cómo podemos esperar lograr algo más que una neurosis galopante?

La respuesta entonces no debe de tratar de metas en absoluto, o al menos no de metas tangibles en todo caso. Tomaría montones de papel desarrollar este tema a satisfacción. Sólo Dios sabe cuántos libros se han escrito sobre “el sentido del hombre” y ese tipo de cosas, sólo dios sabe cuántas personas han ponderado el tema. (Utilizo el término “sólo Dios sabe” puramente como una expresión”). Hay muy poco sentido en que yo intente dártelo en un proverbial resumen, porque soy el primero en admitir mi absoluta falta de certificaciones para reducir el significado de la vida a uno o dos párrafos.

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Voy a alejarme de la palabra “existencialismo”, aunque puedes mantenerla en tu mente como una suerte de clave. Quizá también puedas tratar de leer algo llamado El ser y la nada, de Jean-Paul Sartre, y otra cosita llamada Existencialismo de Dostoyevsky a Sartre. Estas son meras sugerencias. Si te sientes genuinamente satisfecho con quien eres y lo que estás haciendo, entonces puedes olvidarte de esos libros. (Dejar a los perros que duermen acostarse). Pero de vuelta a la pregunta. Como dije, poner tu fe en las metas tangibles, sería, en el mejor de los casos, poco sabio. Así que no aspiramos a ser bomberos, no aspiramos a ser banqueros, ni policías ni doctores. ASPIRAMOS A SER NOSOTROS MISMOS.

Pero no me malentiendas. No quiero decir que no podemos ser bomberos, banqueros o doctores, sino que debemos hacer de la meta conformarnos con el individuo, en lugar de hacer que el individuo se conforme con la meta. En cada hombre, herencia y entorno se han combinado para producir una criatura con ciertas habilidades y deseos, incluyendo una necesidad muy arraigada de funcionar de tal forma que su vida TENGA SIGNIFICADO. Un hombre debe ser algo, debe importar.

Tal y como yo lo veo, la fórmula va más o menos así: un hombre debe escoger un camino que permita a sus HABILIDADES funcionar con un grado de eficiencia máxima hacia la gratificación de sus DESEOS. Al hacer esto, él está satisfaciendo una necesidad (dándose a sí mismo una identidad al funcionar en un rumbo fijo hacia una meta), él evita frustrar su potencial (al escoger un camino que no le pone límites a su desarrollo personal) y evita el terror de ver su meta languidecer o perder su encanto conforme se acerca a ella (en lugar de someterse a las demandas que busca, ha sometido su meta a adaptarse a sus propias habilidades y deseos.

En resumen, no ha dedicado su vida a alcanzar una meta predefinida, sino escogido una forma de vida que SABE que disfrutará. La meta es absolutamente secundaria: lo importante es el mecanismo que lleva a la meta. Y parece casi ridículo decir que un hombre DEBE funcionar en un patrón que él mismo ha elegido, ya que dejar que otro hombre defina tus metas es renunciar a uno de los aspectos más significativos de la vida: el acto definitivo de voluntad que hace a un hombre un individuo.

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Vamos a asumir que tú piensas que tienes que decidir entre ocho caminos a seguir (predefinidos, por supuesto). Y vamos a asumir que no puedes ver ningún propósito real detrás de ninguno de los ocho. Entonces –y aquí está la esencia de todo lo que he dicho– DEBES ENCONTRAR UN NOVENO CAMINO.

Naturalmente no es tan fácil como suena. Pues has vivido una vida relativamente estrecha, una existencia más vertical que horizontal. De tal manera que no es muy difícil entender por qué te sientes así. Pero un hombre que procrastina al ELEGIR, inevitablemente verá que esta decisión es tomada por las circunstancias y no por él.

Así que si ahora te cuentas entre los desencantados, entonces no tienes otra opción más que aceptar las cosas como son, o seriamente buscar algo más. Pero cuídate de buscar metas: busca una forma de vida. Decide cómo quieres vivir y luego ve cómo puedes ganarte la vida DENTRO de ese modo de vida. Pero dirás: “No sé por dónde empezar buscar. No sé qué debo buscar”.

Y ese es el punto medular. ¿Vale la pena dejar algo para buscar algo mejor? Yo no lo sé, ¿lo es? ¿Quién puede hacer esa decisión si no tú? Pero aun si DECIDIERAS BUSCAR, has avanzado un gran camino para tomar la decisión.

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Si no paro me voy a descubrir a mí mismo escribiendo un libro. Espero que no sea tan confuso como se ve a primera vista. Mantén en mente, por su puesto, que esta es MI FORMA de ver las cosas. Yo pienso que esto es aplicable de manera general, pero quizá tú no. Cada uno de nosotros debe crear su propio credo, éste es meramente el mío.

Si cualquier parte de esto no te hace sentido, por favor señálamelo. No estoy tratando de ponerte “en el camino” en busca del Valhalla, sino simplemente señalando que no es necesario aceptar las opciones que te da la vida tal y como la conoces. Hay más en ello que eso nadie TIENE QUE hacer algo que no quiere por el resto de su vida. Pero de nuevo, si eso es lo que terminas haciendo, convéncete como sea de que DEBÍAS hacerlo. Entonces tendrás mucha compañía.

Eso es todo por ahora. Hasta que tenga noticias tuyas de nuevo, sigo siendo tu amigo,

Hunter.

Un ‘Hallelujah’ que resuena en Navidad

Contagiados de la energía navideña en Cartearte compartimos este video del tema ‘Hallelujah’, original del destacado cantante y poeta canadiense Leonard Cohen (1934-2016) y esta vez interpretado por un grupo de niños con necesidades especiales moderadas, del instituto Killard House School de Donaghadee, de Irlanda del Norte. Kayleigh Rogers asume el canto como solista del tema que ha sido compartido miles de veces en línea durante la última semana. 

Kayleigh canta a menudo en el concierto de Navidad local en la Primera Iglesia Presbiteriana, Newtownards, pero este año perdió su voz y tuvo que retirarse del servicio del domingo pasado. En lugar de eso, su maestro de escuela mostró este video que había sido filmado sólo semanas antes en la escuela y dejó a muchos de la congregación llorando.

El video, filmado por Billy McAuley, fue subido a Facebook,  YouTube y reportado en la prensa local. Desde entonces se ha visto y compartido cientos de miles de veces, mientras que su escuela ha recibido llamadas de personas de Australia, Estados Unidos y Japón que han visto el video.

Kayleigh comenzó en Killard House School tiene autismo y Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), lo que resulta en retrasos en el aprendizaje con la alfabetización y la aritmética. La maestra de música Lloyd Scates descubrió su talento desde el principio y la animó a cantar solos durante los espectáculos escolares, para ayudar a desarrollar su voz y su confianza.