Contundente adiós al trastorno de ansiedad

Carta liberadora, testimonio de las batallas que alguien puede librar consigo mismo. Se trata de un texto dedicado a la ansiedad, autoría de la bloguera costarricense Johana Isabel Sánchez Madrigal, con 25 de edad, responsable del portal https://colormetanoia.wordpress.com/. Su padecimiento comenzó con un miedo a la taquicardia o a morir de un paro cardiaco, lo que derivó en ataques de pánico, agorafobia (temor obsesivo ante los espacios abiertos) y miedo a los lugares solitarios. Tras la valoración de un grupo multidisciplinario se le diagnosticó “ataque de ansiedad generalizado”, resumido por ella como “un mal chiste provocado por la angustia de la mente”. Mediante terapias de psicología cognitiva pudo superar este padecimiento, para luego dar un giro radical a su modo de vida. Ahora dedica buena parte de su tiempo a la escritura de un blog y a la composición musical de un estilo que describió como “lírico electro-pop”. Enhorabuena por ella y que la carta ayude a otras personas en igual condición.

Carta de despedida: Querida ansiedad

Sí. Querida. Meses atrás podría estar internándome yo misma en el Chapuí por llamarte así. Te escribo, porque hay muchas cosas que me gustarían decirte. En especial, gracias. Y no es un gracias cualquiera. Lo escribo y ya siento donde se me empañan los ojos.

He aprendido que sin vos, no sería la persona que soy ahora; una persona mejor. Y la vida me hizo entenderlo. Si pudiera arrancar los días donde sentía que estaba a punto de morir, ahora, no lo haría. Ya no los quiero quitar. Recuerdo el terror con valentía. Esa etapa de ansiedad irremediable me marcó cicatrices, pero me dejó enseñanzas invaluables.

En el transcurso del tiempo, luché contra vos. Nunca me di por vencida. A pesar de que me ahogaba en lágrimas, sabía que la oscuridad no iba a ser para siempre. Homeópata, imanes, inyecciones, tácticas pachamama, electrocardiogramas, psicología cognitiva, desahogos, Freud, Jung, videos, charlas, ansiolíticos, libros y más libros. ¡Lo hice todo!

Conocí en vivo la más cruda desesperación. Y es aún más frustrante cuando las personas que no te comprenden, te dicen: ¡Eso es solo estrés! ¡Sos de mente débil! ¡No le estás poniendo ganas! Mis pocas expresiones emocionales ante tales diagnósticos se resumían a una frase en mi mente: ¡qué fácil es hablar!

Gracias a vos aprendí a callar. Aprendí que no puedo juzgar a quien no conozco y tampoco a quien conozco. Aprendí que no todos me pueden entender y está bien. No todos son expertos en trastornos psicológicos. La gente habla solo por lo que “sabe”. Decirle a alguien que se levante y deje de llorar por depresión es equivalente a implorarle a un diabético para que regule sus niveles de azúcar por sí mismo.

Por medio de tus síntomas, dejé de preocuparme por los demás. Ya no me importó si tenía amigos o no. Aprendí a curar rencores. Mis verdaderos  aliados siempre estuvieron junto a mí, sin importar lo que pasara. Una terapia por Skype, pudo más que un abrazo tangible. Recuerdo siempre las palabras de aliento de mi mejor amigo: -¡Esto es una batalla y hay que luchar para ganarla; es así como pasar pantallas de Mario Bros!

Entre pensamientos desvanecidos, se me gastaban las ganas de vivir. Se me acababa la batería de reserva. Gracias a la psicología cognitiva obtuve las tácticas y herramientas para controlarte. Pero no me curé. Simplemente aprendí a escapar de vos. Eso solo alimentaba mi culpa y frustración. ¿Por qué algo tan elemental me quería mantener atrapada? ¿Es acaso que mi mente se estaba burlando de mí?

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Y entonces pasó. Me encontré con el psicoanálisis. Leer a Freud y a Jung no fue sino simple literatura y filosofía hasta que mi terapeuta les dio sentido. Aprendí a respirar de nuevo. Dejé los ansiolíticos. Comencé a escribir hasta hacerme un blog. Y esta ha sido una de las mejores terapias. Escribir me ha hecho hablar donde, quien quiera escucharme, puede hacerlo con un ‘click’.

Mandé al carajo la universidad. Me cansé de no seguir mis sueños. Me puse a cantar y a componer. Y eso es lo que me hace feliz. ¡Cómo quisiera que todos lo hiciéramos! ¡Qué lindo sería que todos nos proclamáramos seres autosuficientes, dignos de realizarnos y de dignificarnos!

Romper esquemas. Desearía con todas mis fuerzas enviarle una carta a todo aquel que te ha sufrido, porque no sos para siempre. Tengo la firme creencia de que quienes te padecen son personas con un grandísimo coraje. Y sí. La ansiedad mala se cura y la sana ansiedad se queda. No sos sino un botón que inactiva miles de pensamientos negativos gobernados por el cerebro de reptil. Y es hora de cortar con esa herencia intuitiva.

Más meditación y menos pastillas. Más buenas vibras y menos pensamientos negativos. De todo corazón, a quienes estén sufriéndote y sientan que nadie los puede comprender: No está mal estar mal. Somos seres humanos y sentimos. Quienes hemos pasado por vos, tenemos que aprender a vivir la auto-compasión, porque la culpa no lleva sino a una frecuencia dominante de negatividad (y esto aplica para cada área de nuestras vidas).

Una vez que yo comencé a salir de vos, empecé a disfrutar más de lo simple. Me alegraba escuchar el despertador en las madrugadas. ¿Cómo así? Es muy difícil de explicar. La ansiedad se come todos tus sentimientos. No dan ganas de levantarse, ni reír, vivir, o comer. Pero cuando existe esa determinación genuina y nos conectamos con nuestra mente y nuestro cuerpo, empezamos a agradecer por ese lunes a las cuatro de la mañana, ojalá lloviendo y después de un fin de semana largo.

Por último, espero que ayudés a más personas a mejorar sus vidas, al igual que lo hiciste conmigo. Yo me despido de vos para siempre, agradeciéndote sin rencor todo lo que me hiciste trabajar y esforzarme, y que seas para mí y para todo aquel que haya experimentado ataques de pánico, un límpido recuerdo de bravura para afrontar lo que nos depare el futuro, en un presente que no nos robe la paz.

Adiós, Ansiedad.

Atentamente:

Johana Isabel Sánchez Madrigal.

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Enviar antes de que la marea suba

Desde Cartearte nos satisface compartir cartas de amor en cualquiera de sus formas y establecer contacto con quienes sienten tanta pasión por las letras como nosotros. En este andar conocimos a Grace (), una blogera de espíritu libre y pluma suelta con la que practicamos un gustoso hábito de lectura, admiración e interacción. Ella lleva las riendas del blog rapsodiabizarra.blogspot.com y hace algunas semanas le pedimos un texto para Cartearte. Ella nos ha complacido con una carta y nos ha encantado, con un producto de su imaginario en torno a la relación de sus abuelos franceses. El señor pasaba mucho tiempo en alta mar, cumpliendo roles de capitán; y la señora lo echaba de menos en tierra firme, cuidando a sus hijas y lidiando con una enfermedad. Ya Grace había hecho un adelanto de la historia en La persecución marítima y para esta oportunidad ahondó en esos pensamientos intensos que derivan de la ausencia y que se matizan con malas noticias: “…La tierra es mi prisión, la tuya las olas y la sal…”.

Para leer la carta en el blog de origen hacer clic aquí.

A continuación el texto:

Amado mío.

El tiempo es un compromiso, un pacto con la vida para medir los instantes, los futuros recuerdos. Tú y yo lo sabemos muy bien, ha sido amargo este último trago pero valdrá la pena.

Te extraño. Voy a veces al mar para imaginar cómo será tu llegada, veo velas y buques enormes,  pero ninguno te trae a bordo, ninguno está bajo tu cuidado. Todavía la marea sigue baja, sé que esperas que suba para volver.

¿Las niñas? Pues muy bien, la mayor ya terminó su primer año de bachillerato y las otras dos también su preescolar. Dicen que esperan a su papá con emoción y le tienen preparada una sorpresa. Piden, además, que les traigas algún recuerdo del viaje.

Las noches son silentes y las estrellas se desvanecen más rápido que antes. La tierra es mi prisión, la tuya las olas y la sal. Cuando al inmaculado cielo del sur veas, busca la estrella más brillante e imagina que soy yo acompañándote; yo veo el sol y te imagino junto a mí.

El coraje no es virtud sin anhelo. Sigo bajo el cuidado de los doctores pero no esperan que mejore… Lamento decírtelo de esta manera, pero es la única vía de comunicación: uno de ellos estima que solo me queda 1 año -acaso es mucho tiempo- y los otros piden enviarme a Marsella dónde ya otros enfermos han salido victoriosos de la lucha… Por eso mismo espero que regreses para partir a Francia lo más rápido posible, no quiero dejar a mis niñas o a ti tan pronto. Pareciera que mi enfermedad empeora a medida que pasan los días sin tus abrazos y tus besos.

Las orquídeas que me regalaste estando en botón, ya se van tornando marrón, pero aún así no dejan de ser bellas, espero que cuando vuelvas todavía pienses en mí como antes…

Lamento el giro tan vodevil que ha tomado esta carta. Quizá llegue a tus manos, quizá se pierda entre tantas otras cartas de mujeres cuyos maridos están en la guerra o en el mar…

Te amo, te amo hasta donde el cielo se pierde con el mar. Espero por ti, espero por nosotros. Vuelve pronto que te necesito…

PD: la vie est très triste sans votre bisous, sans ton courage que me donnes. T’aime plus que la lune à le soleil, la lune qui voudrais être comme lui.