L&P: La leyenda del aire

Primera entrega del intercambio de contenidos con el blog colombiano Letras & Poesía, cuya autoría corresponde a la española Almudena Anés. En sus letras ella repasa una ausencia que sigue latiendo fuerte en su vida y que se solapa en cualquier recoveco de la cotidianidad, la remembranza de un amargo otoño y la leyenda de una mitología personal.

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Escuché tu nombre desde aquella esquina mientras caminaba desde muy lejos y hacia una distancia nuclear para explotar y desaparecer, pero nunca pude quedarme con él, me lo robaron antes de que lo guardara en mi cartera, junto a las llaves y una fotografía nuestra. Respiraba y te seguía, aunque no te conocía, corría y corría detrás de una sombra que tampoco era la mía.

Llevo así demasiado tiempo, componiendo sinfonías de autoestima para compensar el vacío que dejaron tus silencios y, cuando no me ves, embotellando el aire que antes respirabas como el oxígeno del que pende mi vida. Escribo a oscuras recordándote de memoria y tu silueta estrellada en la pared porque me da mucha vergüenza admitir que aún siento algo más por alguien que es sólo viento.

Ambigüedad es lo que siento describiendo tu cuerpo, quedándome en blanco delante de un papel que actúa de mi juez y abogado. Me declaro culpable de querer ser estrella… Contigo… Y muy lejos también. Tal vez sea un enigma de ojos verdes de gato, pero juraría que eras tú hecha brisa de verano. También a veces te miro desde mi tragaluz particular, mientras bebo café y algo más, mientras mi cama se mantiene caliente por otra persona cuyo aliento se convierte en el veneno de la conciencia. Melancolía y discernimiento de aquellos seres eternos en los que basábamos todos nuestros sueños, atados a farolillos chinos e idos para no volver jamás.

Eclosionaste y te marchaste con el otoño, en forma de hojas caídas en el interior de un remolino que, al menos a mí, me sirvió de epitafio, quizás por eso nunca me atreví a poner flores en lo que muchos pensaron que era tu tumba, y yo sigo viendo como algo extraño, el cenotafio de tu ausencia. Pero no lo expresaré en voz alta, no quiero que mis palabras sean llevadas por el ventarrón de tu deseo reprimido.

Miento con la euforia de que estés siempre dentro de mí, o alrededor de mí, en mi piel o en las cavernas rocosas de mi esencia, el tifón jamás se queda muchos minutos conmigo. Leyenda e indómita, genio y figura, te fuiste para no regresar y con la falta de tu presencia, trajiste la ventisca de nieve a mi corazón de hojalata, oxidado de tanta insumisión al volver a amar.

Y te veo y oigo tu voz en cualquier parte donde el viento me acompañe, donde el aire no se empañe y se transforme en el vaho de mis pupilas, ni condense en gruesas lágrimas que no reconoceré como mías por cuestiones de orgullo o infinita debilidad. Pero eres demasiado para abarcarte y, al final, se confunden los espíritus con los amantes.

Ni sombra ni aire, ni semilla plantada en la tierra, ni cubito de hielo en mi nuca ardiente de fiebre, ni muerte en mi lecho moribundo… Todo o nada, y viniendo para marcharte poco después con el tifón… Pero sobre todo, y sí, sobre todo, leyenda en mi mitología personal.

Niña escribe carta con “normas y reglamentos” para alejar a pretendiente

De Zoe para Noah, con la meta de dejar las cosas claras, tan claras que hay una lista de “normas y reglamentos” para que las atribuciones en el nombre del amor lleguen a su fin. Graciosa resulta la historia por tratarse de la carta de una niña de 11 años de edad, quien apela al género epistolar para distanciarse de su incómodo pretendiente. La misiva se hizo viral en Estados Unidos luego de que su maestra enviara la imagen a un círculo de amigos, hasta que fue compartida por Twitter y logró más de 7.000 retuits y 12.000 ‘Me gusta’ en dos semanas. Muchos se sorprendieron de la contundente franqueza de Zoe para exponer lo que le disgusta, reconociendo que es “demasiado joven” para ser la novia de alguien.

A continuación la traducción de la carta:

Normas y reglamentos. De Zoe a Noah: carta-1-zoe-noah

  1. No me toques el hombro.
  2. No vengas detrás de mí con todos esos juegos y tonterías. (No vengas detrás de mí de ninguna manera).
  3. No me hables a menos que sea un saludo, que será nunca.
  4. Deja de jugar conmigo en el autobús.
  5. Tengo mal humor con la gente y tú arruinas mi día porque juegas demasiado.
  6. Relee esto 500 veces.
  7. Te gusto, pero tú no me gustas. ¡Soy demasiado joven! (como novia).

¡Si rompes alguna de estas reglas, llamaré a mi padre, a un amigo de mi madre, a mi madrastra y a un portero que conozco! ¡Si me arruinas el día voy a tener que pedir terapia! ¡Deja de jugar conmigo!

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Carta anónima para una fallido amor 2.0

En la era de la inmediatez y de la web 2.0 son muchos los acercamientos que se propician, pensamientos que se juntan por empatía e intereses comunes. Nacen amistades y amores, se cultivan, algunos perduran y otros caducan… como la vida misma. Esta vez traemos la carta anónima de una bloguera venezolana que le escribe a un sujeto que ha dado en llamar “Botella”, alguien que en un principio embriagaba de ilusión y que se fue quedando vacío por sus medias verdades y un comportamiento que tocaba los límites de la obsesión. “Una relación epistolar moderna”, en digital, incluso con una tercera persona que dice presente para hacer tambalear la escena. Esta carta suena a desahogo, a liberación, con nuestro blog como ventana y no el de la autora, para evitar roces que pueden derivar del stalkeo.

A continuación la carta:

Vamos a llamarte “Botella”, porque poco a poco te fuiste agotando hasta quedar vacío.

Nos conocimos gracias a un tercero que me mencionó en alguna conversación virtual. Conseguí, sin querer, tu atención a través de mis palabras, te sentiste identificado y moví fibras en tu corazón.

Comenzamos con desconfianza. Tú escribiste en tu blog un post y no sabía si era para mí… Aposté al destino e hice una respuesta en el mío, rogando que respondieras. Debías hablar de las estrellas, lo recuerdo bien… y así fue. Tu próximo escrito incluyó mi petición.

Así pasó el tiempo, te leía y también creí que, una parte de mí, se sintió como en casa.

Una relación epistolar moderna. Blogs que permitían el anonimato hasta que me seguiste en Twitter, luego mi número de teléfono, las llamadas eran largas y constantes…

Te dejé entrar y tu ex rompió mi corazón cuando me insultó la primera vez. Yo no sabía de ella, pero ella sí de mí. Sabía más sobre mí de lo que me hubiera gustado… supo cómo herirme, ¿qué le contarías, qué habría leído?

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Fue un golpe directo a nuestra relación. Los posts de nuestros blogs no paraban, tus disculpas y mis indirectas. Pero, aún así, nos reconciliamos y volvimos a la relación de posts que llevábamos, solo que mi confianza hacia ti decayó mucho.

De nuevo la ex apareció para clavarme otra daga en el corazón. ¡Basta! Me dije, pasó un tiempo sin que nos escribiéramos, ya no quería saber nada de ti. Habías jurado que ella no estaba en tu vida, pero pude ver que su nombre seguía en tu biografía y en tus tweets.

¿Tú?

Tú sentiste que yo era quien te salvaría, la única capaz de entenderte, de interesarme por tu vida, tus sentimientos… y todavía lo crees.

Lo triste es que yo no lo siento.

Fingir no es exclusivo para el teatro o el póker.

Me duele, sin embargo, leer esos mensajes donde aseguras y reafirmas tu amor por mí. Donde dices que seré tu esposa, que tendremos hijos, una casa y muchos libros juntos. ¿Alguna vez me has preguntado qué siento yo por ti?

Nada, Botella, no siento nada por ti. Alguna vez sí, cuando tu credibilidad aún existía.

Odio que creas que te quiero. ¡Basta! Odio que me digas que soy tu mundo, tu sol. ¿No ves que ni siquiera yo soy mi sol?, que intelectualmente eres nulo. ¡Basta de girasoles! ¡Basta de escritores muertos! ¡Basta de encuentros imposibles!

¡Basta de decirme que me amas sin siquiera conocerme en persona!

Odio hablar contigo porque me presionas. Esperas que te ame, esperas que crea que me amas de manera abnegada, que me ves en todos lados y que mi nombre está escrito en el firmamento.

Quieres que te arregle pero, querido, yo no soy Freud ni Jung. ¡Basta de creerme tu confidente, tu “fuente de felicidad”!

No soy nada de eso, no puedo serlo, no quiero creerlo. Me aterra saber que alguien, a quien yo no quiero, desea estar conmigo 24h, siete días de la semana.

Botella de alcohol, desinfectaste mis heridas pero te dejé abierto, te secaste y ahora, que hay escasez, entendí que nunca te necesité.

Botella vacía, Botella inútil, Botella nimia, Botella incapaz de ver que esta enferma no necesita que le curen más heridas.

@panparagea ofrece carta a su Romeo ignorado

Cuando se trata de esfuerzos en el nombre del amor, puede ser muy tenue la línea que divide la conquista del aburrimiento. Esa idea queda plasmada en la carta de Grace, estimada y recurrente colaboradora de Cartearte, quien ha decidido hablar sobre la experiencia de ser pretendida por alguien que no le gustaba, cuya identidad queda protegida con la inicial “H”. “Era terrible responderte cuando, por mensaje, decías que querías besarme”, confiesa la también autora del blog rapsodiabizarra.blogspot.com; soltando una metralla de descargas sobre el susodicho, quien exponía un discurso vacío y manifestaba un fetiche con los pies.

La carta es útil para todo caballero que tenga oídos sordos en el amor, para quienes insisten más de la cuenta. A veces las señales son más claras de lo que se cree. Cuando entre dos hay una conexión es evidente, tan evidente que obviar su ausencia es como tapar el sol con un dedo. No nos queda más que agradecer a Grace por este honesto ejercicio epistolar, donde se deja constancia de los amores que nunca fueron y nunca serán. 

A continuación la carta

Carta para ti, Romeo ignorado

Hola, H. te escribo porque el otro día iba trotando y te vi en la parada. Creo que tú también me viste pero, ni modo, ¿Qué podíamos hacer?

Primero que nada, te debo una disculpa. La forma en que “corté” todo tipo de comunicación contigo fue terrible y me avergüenzo de ello. Debes saber, empero, que no fui yo quien la escribió, mi mejor amiga lo hizo por mí  (a su manera) y te la envió sin siquiera consultarme.

H, has sido un verdadero caballero. Pero, yo no era la dama para ti.

Sí, teníamos mucho en común: ambos amamos los 80’s, el teatro, los idiomas y literatura. Pero, ¿acaso eso es suficiente para decir “te quiero”? O peor aún, “te amo”. No sé qué viste en mí. Quizá viste mucho más de lo que yo conozco, no descarto esa posibilidad, pero yo en ti no vi nada.

Siempre quisiste besarme, abrazarme y estar conmigo. Yo también quiero eso, quererme y toda esa psicología del amor propio. Era terrible responderte cuando, por mensaje, decías que querías besarme.

Estimado, no creas que el amor es correspondido siempre, pienso que no existe el equilibrio… alguien sufrirá más que otro, alguien llorará más y alguien se culpará más. Podría decir el lugar común “no eres tú, soy yo” pero es mentira, cariño. Sí eras tú.

Salimos unas cuantas veces… en mi afán de ser correcta, pretendí escucharte con atención (aun cuando lo que decías no tenía sentido), tus conversaciones sin fondo, tu mal gusto, hasta aguanté tus horrendos masajes, y tu fetiche por los pies pero, ¿sabes algo? Me gustaría saber qué cediste tú por mí. No es que sea perfecta, jamás. Pero, me lo hiciste creer por un buen tiempo.

¿Qué no te gustaba de mí? Olvídalo, sí podría decirte qué era lo que no te gustaba. A diferencia de ti, yo soy observadora y adoro escuchar y estudiar a la gente. Pero, eso de nada sirve ahora porque ya (digo yo) no estoy en tu mente.

Olvídame que yo lo hice hace rato, te escribí por mera casualidad y dudo mucho que lo leas.

PD: quizá sí me viste, pero tus ojos bizcos no me dejaron verlo con claridad.

@panparagea