Carta anónima para una fallido amor 2.0

En la era de la inmediatez y de la web 2.0 son muchos los acercamientos que se propician, pensamientos que se juntan por empatía e intereses comunes. Nacen amistades y amores, se cultivan, algunos perduran y otros caducan… como la vida misma. Esta vez traemos la carta anónima de una bloguera venezolana que le escribe a un sujeto que ha dado en llamar “Botella”, alguien que en un principio embriagaba de ilusión y que se fue quedando vacío por sus medias verdades y un comportamiento que tocaba los límites de la obsesión. “Una relación epistolar moderna”, en digital, incluso con una tercera persona que dice presente para hacer tambalear la escena. Esta carta suena a desahogo, a liberación, con nuestro blog como ventana y no el de la autora, para evitar roces que pueden derivar del stalkeo.

A continuación la carta:

Vamos a llamarte “Botella”, porque poco a poco te fuiste agotando hasta quedar vacío.

Nos conocimos gracias a un tercero que me mencionó en alguna conversación virtual. Conseguí, sin querer, tu atención a través de mis palabras, te sentiste identificado y moví fibras en tu corazón.

Comenzamos con desconfianza. Tú escribiste en tu blog un post y no sabía si era para mí… Aposté al destino e hice una respuesta en el mío, rogando que respondieras. Debías hablar de las estrellas, lo recuerdo bien… y así fue. Tu próximo escrito incluyó mi petición.

Así pasó el tiempo, te leía y también creí que, una parte de mí, se sintió como en casa.

Una relación epistolar moderna. Blogs que permitían el anonimato hasta que me seguiste en Twitter, luego mi número de teléfono, las llamadas eran largas y constantes…

Te dejé entrar y tu ex rompió mi corazón cuando me insultó la primera vez. Yo no sabía de ella, pero ella sí de mí. Sabía más sobre mí de lo que me hubiera gustado… supo cómo herirme, ¿qué le contarías, qué habría leído?

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Fue un golpe directo a nuestra relación. Los posts de nuestros blogs no paraban, tus disculpas y mis indirectas. Pero, aún así, nos reconciliamos y volvimos a la relación de posts que llevábamos, solo que mi confianza hacia ti decayó mucho.

De nuevo la ex apareció para clavarme otra daga en el corazón. ¡Basta! Me dije, pasó un tiempo sin que nos escribiéramos, ya no quería saber nada de ti. Habías jurado que ella no estaba en tu vida, pero pude ver que su nombre seguía en tu biografía y en tus tweets.

¿Tú?

Tú sentiste que yo era quien te salvaría, la única capaz de entenderte, de interesarme por tu vida, tus sentimientos… y todavía lo crees.

Lo triste es que yo no lo siento.

Fingir no es exclusivo para el teatro o el póker.

Me duele, sin embargo, leer esos mensajes donde aseguras y reafirmas tu amor por mí. Donde dices que seré tu esposa, que tendremos hijos, una casa y muchos libros juntos. ¿Alguna vez me has preguntado qué siento yo por ti?

Nada, Botella, no siento nada por ti. Alguna vez sí, cuando tu credibilidad aún existía.

Odio que creas que te quiero. ¡Basta! Odio que me digas que soy tu mundo, tu sol. ¿No ves que ni siquiera yo soy mi sol?, que intelectualmente eres nulo. ¡Basta de girasoles! ¡Basta de escritores muertos! ¡Basta de encuentros imposibles!

¡Basta de decirme que me amas sin siquiera conocerme en persona!

Odio hablar contigo porque me presionas. Esperas que te ame, esperas que crea que me amas de manera abnegada, que me ves en todos lados y que mi nombre está escrito en el firmamento.

Quieres que te arregle pero, querido, yo no soy Freud ni Jung. ¡Basta de creerme tu confidente, tu “fuente de felicidad”!

No soy nada de eso, no puedo serlo, no quiero creerlo. Me aterra saber que alguien, a quien yo no quiero, desea estar conmigo 24h, siete días de la semana.

Botella de alcohol, desinfectaste mis heridas pero te dejé abierto, te secaste y ahora, que hay escasez, entendí que nunca te necesité.

Botella vacía, Botella inútil, Botella nimia, Botella incapaz de ver que esta enferma no necesita que le curen más heridas.

Líneas anónimas de despedida

A veces se sueltan letras por necesidad, para ponerle algo de lógica a lo que se siente. A veces se dicen verdades que no se exponen al destinatario, por falta de valor, intriga a lo que venga después o por no mostrarse a plenitud. Una seguidora anónima de Cartearte nos ha compartido esta carta dedicada a un chico que le ha despertado amor y también desamor. En letras le habla a un “estimado” con la fragilidad de saber que vivió el amor cruel que palpita de un solo lado, del que quiere por los dos. En resumidas cuentas la carta se trata de un adiós, aunque no sabemos si a estas alturas llegó a los ojos de su destinatario. “Quizá está mal, pero no hay manera de obligar a sentir”, sentencia la carteadora.

A continuación la carta:

Oh estimado, que por un camino preseleccionado yo he andado… Juegas como un niño sabiendo que yo soy más débil. Inocente de tus andanzas yo seguí con tu guía. ¿Qué sería?

Que ambos caminamos por un camino incierto. Tu corazón es de otra, jamás pudo ser mío, aunque nos llames amigos.
Perderte para siempre, eso significa la partida. La despedida no será momentánea, será permanente.
Que muchos alegan que daño no quieres hacer, pero haz logrado causar…

Débil y tonta frente a unos ojos que van de verde hacia azul, en ellos perdí la cordura y razón. Que lo correcto se volvió un misterio pues, los sentimientos llenaron mis ojos de rosas, tan claras y rosadas como las madrugadas donde las nubes son tenues y el sol las torna casi anaranjadas.

Despedirme es decirle adiós para siempre a alguien tan parecido a mí. Que prometió más de lo que pudo cumplir, cuyo desmedido esmero en mantenerme cerca fue triplicado por el mío. El mío, que anhelaba permanecer en tu memoria, en tu pensamiento.

Te fuiste, te fuiste y yo lo sabía.
A veces es sincero un te quiero, a veces por pura cortesía o porque tú sabías lo mucho que anhelaba tu reconocimiento.

Sentirme valorada por ti significa tanto para mí. Alguien sabe mis más profundos defectos y aún así no me aparta. Al contrario, me acerca cada vez más a su ser.
Quizá está mal, pero no hay manera de obligar a sentir. Definir qué se siente al estar frente a ti, hablando y abriendo mi alma.

Nadie comprende lo que para mí era cada vez que te veía.

Será la costumbre, quizás un ciclo sin fin.
Es ahora que debo decidir, es tiempo que por fin viva y decida por mí…
Lo que el futuro táctil y maleable espera venir.

Que el frío de diciembre no se haga presente hasta que yo en camino y sendero directo me encuentre caminando. No antes, porque si es así, todo quizás podría ser gris.

Adiós mi amigo, adiós abrigo de faux piel, que arropaste mi mente y guiaste muy bien, es tiempo de alejarme.
Tu cercanía sólo supone para mí tragedia y pesadilla. Que al irte seguiste tu camino, preocupado quizás por el ser con quien tanto quería hablar y pasar horas contigo.

Alternativas, sí… esas que hacen que verte sea una historia romántica, clandestina y no tan seguida. Alternativas que dentro de algunos meses pueden empeorar los síntomas iniciales. Caminos opuestos que pueden ser fáciles y modestos o difíciles y arduos.

Como un trago amargo, como el fuerte sol de mayo, ambos queman dada su poderosa condición. Es tiempo de que me deje llevar por el viento de enero y cambie aquel hermoso pero doloroso sendero.