Fragmento: Siempre intangible

Tenías esa rara capacidad de conectar con la superficialidad y la pedantería, como si la elección de tus novias fuese signada por el antagonismo de tu calidez humana. A veces me contabas de ellas, de las ilusiones y las frustraciones; aunque no soltabas tanto porque sabías lo mucho que me gustabas. Incluso tras varios años tampoco te explayas a hablar conmigo de tus amores, supongo que por memoria conductual, por respeto o consideración.

¿Cómo se recuerda a los amores que no fueron amores? Pues quién sabe, no es la clase de tema que quiero filosofar con nadie. El amor que nunca fue es un luto en solitario, inofensivo pero incómodo como una piedrita en el zapato. Es una nostalgia especulativa de la que mejor no se habla para evitar la pena… la propia y la que se puede transmitir a otros, con un aire de paranoia, cuando se añora lo que nunca se hizo tangible.

Fragmento: Cuando el destinatario no puede leer

Una vez escribí una carta que no pude entregarte y se la di a leer a un amigo, imagino que por el desespero de sentirme escuchada. Supongo que lo mismo le pasa a la gente que escribe obituarios a sus difuntos en primera persona, tuteándolos y diciéndoles cuánto los extrañan. Siempre hago mofa preguntándome si en el cielo venden el periódico donde está el obituario, para que el difunto les lea. Sin embargo en silencio entiendo que prevalece un desespero de que alguien les devuelva algo por el sentimiento expuesto, al menos una frase de aliento.

Fragmento: Quien escribe no sabe dónde está

¿Desde dónde te escribo…? Quisiera que esa respuesta se resumiera a lo tangible, porque bastara con decir que te escribo desde un pequeño estudio junto al patio de mi casa, al igual que la vez primera, hace 10 años. ¿Por qué no sé desde dónde te escribo? Porque entre nosotros los lugares son algo mucho más complejo, puesto que nunca estuvimos aquí, tampoco en tu casa, ciertamente nunca estuvimos juntos en ninguna parte.

El lugar de los dos varía según los ánimos, existe en nuestras mentes y su terreno tiene características duales, donde la presencia coexiste con la ausencia, lo mismo cualquier antagonismo de sensaciones, deseos y recompensas. 

Buscar un lugar desde dónde escribirte casi siempre se ha resumido en identificar mis estados emocionales. Ese juego de desahogo ha dejado muchas líneas y cada vez menos.  Las líneas y las emociones, como todo, tienden a gastarse y a transformarse.

Si reparo en la idea anterior, considero que no te quisiera escribir desde la nostalgia, menos desde la rabia. Y aunque me sienta agradecido, tampoco lo hago desde la gratitud. Lo ideal sería escribir desde la alegría, pero tampoco me siento allí y hablar desde la tristeza sería muy desanimado de mi parte.

Así como vamos no sé desde dónde te escribo. Parece sensato asumir que lo hago desde varias partes. 

Terminar sin querer

Tendré que terminar esta carta que no quiero terminar. Es necesario, para seguir. Donde estés, aspiro que sigas estando y que Dios te colme de vida. Espero que vayas en equilibrio y que superes las adversidades de tu enfermedad. Eres la persona más fuerte que conozco, a mucho orgullo lo digo, y espero se hagan tangibles todas tus metas trazadas.

Alguna vez manifestaste tu afecto diciéndome: “Inundaste de palabras mi corazón, llenaste de risas mi alma”. Tú hiciste lo mismo conmigo a tu manera, sin importar las formas. Esa hermosa frase funciona de espejo y se acopla en perfecta reciprocidad a lo que yo siento de ti. Hubo un corazón y un alma de este lado que se colmaron de ti… siguen llenos de ti.

Bloqueado en Facebook

Lo más cercano que estuve de ti desde aquel conflicto fue ver las fotos tuyas que tengo en mi pc, con mirada contemplativa de quien no da respuesta a todas sus intrigas. También he ‘googleado’ tu nombre y solo he dado con las conversaciones en las que participas en Facebook, donde particularmente tengo que cerrar mi cuenta para ver tus diálogos, porque desde que me bloqueaste no puedo ver allí nada de ti.

Es una medida respetable la tuya, cada quien piensa qué es lo justo y sabe marcar distancia según sus necesidades. Solo te diré que eches un vistazo atrás, cuando eso malo pasó, e intentes darte cuenta de que lo que más deseaba para entonces era que pudiéramos hablar.