A la cajera que le dice: “¿Efectivo o tarjeta?…”

Una producción de Cartearte para un sujeto que encontró más de lo que buscaba en un almacén de víveres, donde sorpresivamente se topó con una mujer que acapara sus pensamientos. Se trata de la cajera, un personaje de quien el remitente ha visto muy poco, por lo cual dedica este gesto en líneas para entablar un diálogo y saber mucho más. Algo que lo entusiasmó para enviar la misiva es que puede decir las cosas que pasan por su mente al verla, una suerte de conversación imaginaria que termina en vivo con un lapidario: “¿efectivo o tarjeta?…”. A partir de ahora su único desafío será hacer la entrega de la carta, le deseamos todo el éxito en esa misión.

A continuación la carta:

Para ella

Pies de plomo y guante de seda, al asumir la curiosa situación de escribirle a una mujer que no conozco. Bueno, sí conozco porque sé de quién se trata, aunque no es mucho lo que sé. No puedo conocer bien a alguien con quien interactúo un par de veces a la semana, un par de minutos cada vez, encarnando la reiterada escena del cobro y el pago por víveres en un almacén. “¿Efectivo o tarjeta?… Pase por acá (al punto de venta cuando es tarjeta)… ¡Siguiente!”.

Aunque recurra al ingenio, a temas mixtos o al comodín de pedir una galleta a último momento para dilatar mi permanencia, es muy poco lo que se puede hablar en ese trecho. He verificado, luego de varias transacciones con efectivo y tarjeta, que las cajas de pago no son lugares aptos para hablar, al menos no para hablar mucho, algo adverso cuando se siente curiosidad por quien se tiene en frente. Y ni hablar de las otras personas que suelen estar alrededor de la escena y funcionan como focos de distracción.

Una mirada dice dónde se fija la atención, mas no habla de intenciones. Por ello debo aclarar que le escribo con respeto y sin atrevidas pretensiones, pese a que estas líneas sean testimonio de una evidente admiración. Me entusiasma escribir porque al menos aquí tengo espacio y tiempo, algo que no tengo en su presencia, cuando hay roles muy claros y no quiero molestar… ya que usted está trabajando y yo ando de pasada.

Pienso que esta carta la motiva una especie de compromiso con la verdad, decir lo que se siente, que eso a veces da tranquilidad. También hay un intento de agradar, de reconocer la belleza que adorna la cotidianidad, esa que se encuentra sin andar buscando nada y que sorprende en un sitio donde las sorpresas no suelen estar.

Algo de locura habrá en este monólogo escrito, porque se fundamenta en la percepción no verificada. No sé si será una buena persona, pero sin poder asegurarlo creería que sí. No sé si será  correcto confiarle estas líneas, pero sin saberlo diría que sí… quiero creer que sí. Me corresponde apelar a la intuición en función de lo que he visto, que ha sido suficiente para querer ver más.

Este gesto se reduce a un intento por conocer algo más que su enigmática mirada y linda sonrisa, delicado timbre de voz, respetuoso trato y sencillez. Hay que contemplar la opción de que a usted no le guste la idea, el libre albedrío es fuerza mayor… Sin embargo, de ser así, no tendría reproche ni arrepentimiento. Si esta carta le tomó por sorpresa, si su rostro esbozó una sonrisa, si se sintió halagada, ruborizada, si su percepción de la cotidianidad es otra, incluso si un desconocido le habló como ningún otro lo hizo… entonces el detalle valió la pena.

PD: Desde que la conozco compro galletas a último momento en el almacén con mayor frecuencia.

El comprador de víveres.

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