Líneas anónimas de despedida

A veces se sueltan letras por necesidad, para ponerle algo de lógica a lo que se siente. A veces se dicen verdades que no se exponen al destinatario, por falta de valor, intriga a lo que venga después o por no mostrarse a plenitud. Una seguidora anónima de Cartearte nos ha compartido esta carta dedicada a un chico que le ha despertado amor y también desamor. En letras le habla a un “estimado” con la fragilidad de saber que vivió el amor cruel que palpita de un solo lado, del que quiere por los dos. En resumidas cuentas la carta se trata de un adiós, aunque no sabemos si a estas alturas llegó a los ojos de su destinatario. “Quizá está mal, pero no hay manera de obligar a sentir”, sentencia la carteadora.

A continuación la carta:

Oh estimado, que por un camino preseleccionado yo he andado… Juegas como un niño sabiendo que yo soy más débil. Inocente de tus andanzas yo seguí con tu guía. ¿Qué sería?

Que ambos caminamos por un camino incierto. Tu corazón es de otra, jamás pudo ser mío, aunque nos llames amigos.
Perderte para siempre, eso significa la partida. La despedida no será momentánea, será permanente.
Que muchos alegan que daño no quieres hacer, pero haz logrado causar…

Débil y tonta frente a unos ojos que van de verde hacia azul, en ellos perdí la cordura y razón. Que lo correcto se volvió un misterio pues, los sentimientos llenaron mis ojos de rosas, tan claras y rosadas como las madrugadas donde las nubes son tenues y el sol las torna casi anaranjadas.

Despedirme es decirle adiós para siempre a alguien tan parecido a mí. Que prometió más de lo que pudo cumplir, cuyo desmedido esmero en mantenerme cerca fue triplicado por el mío. El mío, que anhelaba permanecer en tu memoria, en tu pensamiento.

Te fuiste, te fuiste y yo lo sabía.
A veces es sincero un te quiero, a veces por pura cortesía o porque tú sabías lo mucho que anhelaba tu reconocimiento.

Sentirme valorada por ti significa tanto para mí. Alguien sabe mis más profundos defectos y aún así no me aparta. Al contrario, me acerca cada vez más a su ser.
Quizá está mal, pero no hay manera de obligar a sentir. Definir qué se siente al estar frente a ti, hablando y abriendo mi alma.

Nadie comprende lo que para mí era cada vez que te veía.

Será la costumbre, quizás un ciclo sin fin.
Es ahora que debo decidir, es tiempo que por fin viva y decida por mí…
Lo que el futuro táctil y maleable espera venir.

Que el frío de diciembre no se haga presente hasta que yo en camino y sendero directo me encuentre caminando. No antes, porque si es así, todo quizás podría ser gris.

Adiós mi amigo, adiós abrigo de faux piel, que arropaste mi mente y guiaste muy bien, es tiempo de alejarme.
Tu cercanía sólo supone para mí tragedia y pesadilla. Que al irte seguiste tu camino, preocupado quizás por el ser con quien tanto quería hablar y pasar horas contigo.

Alternativas, sí… esas que hacen que verte sea una historia romántica, clandestina y no tan seguida. Alternativas que dentro de algunos meses pueden empeorar los síntomas iniciales. Caminos opuestos que pueden ser fáciles y modestos o difíciles y arduos.

Como un trago amargo, como el fuerte sol de mayo, ambos queman dada su poderosa condición. Es tiempo de que me deje llevar por el viento de enero y cambie aquel hermoso pero doloroso sendero.

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